In Dieta

Ha llegado el momento de confesar: estoy muy asustada, las vacaciones me traen por la calle de la amargura. He tardado en desinflarme con ellas lo mismo que con el cambio de armario… y solo he sacado la ropa de la maleta. Lo voy a soltar sin paños calientes: me da miedo el bañador. Concretamente, verme en bañador. Y es que cada año es igual: paso más tiempo eligiendo pareo que bañador. Que ya sé que parece una locura, pero es que es la verdad. A mí me da igual cómo sea el bañador, porque lo enseño poco. Si me levanto de la tumbona, agarro el pareo y me tapo. Y tapada voy por todo el hotel aunque esté en la piscina. No soporto la imagen que me devuelve el espejo. Mira que intento trabajármelo: autoaceptación, autoestima, autotodo… pero luego llegan las miradas ajenas y me desmorono en cuestión de segundos. Después de la mirada viene el cuchicheo, o el codazo, y otra ojeadita más. Y a tomar vientos mis “autos”.

El bañador, mi peor enemigo

Mientras que estuve buscando destino con Javi, todo fue ilusión. Y mantuve a mi cabecita callada hasta que concretamos el hotel, bueno, el resort. Camas balinesas, varios restaurantes, un montón de zonas de ocio… está pensado para que te pases el día en bañador. En ese momento, mientras miraba con ilusión las fotos en la pantalla del ordenador, me vi horas y horas en Asos eligiendo pareos. Y me dio todo el bajón.

El maldito bañador es mi pesadilla de todos los veranos. Y es que, aunque he perdido 5 kilos, mis piernas me siguen… ¿avergonzando? No sé si esa es la palabra, pero no me siento bien con ellas. Siempre he sido de “gemelo gordo” y eso lo tengo bastante asumido. Pero desde que cogí peso, a los gemelos se le sumaron las cartucheras y la celulitis. Y ese combo me fastidia más. ¿Por qué no encuentro un bañador que me las disimule? Con los de corte alto me veo demasiado muslo en general y con los que lo tienen bajo, demasiada cartuchera en particular. Así que la única solución que he encontrado es no enseñarme. Así me siento “más segura”.

Y mis amigas sin enterarse de nada

Lo peor de todo esto es que no puedo compartirlo con nadie. Mis amigas me quieren tanto que no son objetivas. He pasado muchos veranos contándoles mi drama y me respondían que no era para tanto, que estaba fenomenal. Fenomenal para ellas, pero no para mí. Así que he dejado de hablarles de todo esto. Lo mismo ellas creen que se me han pasado los complejos de golpe, pero nada más lejos de la realidad.

Y Javi… el pobre Javi está enamorado de mí y me adora tal como soy. Con él no tengo problema en mostrarme, me hace sentir segura y la mujer más sexi del mundo. Así que tampoco consigo hacerle entender lo que me pasa. Debe de ser difícil cuando no lo hace nadie…

No sé si me valdrá de algo perder peso o seguiré teniendo fantasmas para siempre. Yo lo voy a intentar, voy a poner todo de mi parte. Objetivo: pasar más tiempo eligiendo bañador que pareo el verano que viene. ¿Lo conseguiré?

Si quieres conocer la historia de Mónica:

Mónica, la disfrutona

El examen de conciencia de Mónica

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